Sales de una mañana entera debajo del chorro del aire y notas el cuello agarrotado, el trapecio duro y un pinchazo al girar la cabeza. No te lo estás inventando. El frío mantenido sobre un músculo que apenas se mueve le sube el tono y le baja el riego, y ahí se forma la banda dolorosa. En FisioEleven Ensanche de Vallecas este cuadro llega sobre todo en cuello, hombro y zona dorsal.
¿El aire acondicionado provoca contracturas?
Por sí solo no, pero es el desencadenante que faltaba. La contractura necesita un músculo cargado de antes, casi siempre por horas de postura estática frente a una pantalla. El chorro de aire frío sobre esa musculatura tensa termina de cerrar el círculo. Quita el frío y la carga sigue; quita la carga y el frío molesta mucho menos.
¿Qué le pasa al músculo cuando le da el frío?
El frío contrae los vasos que riegan la zona, así que llega menos sangre y se retiran peor los residuos del metabolismo muscular. A la vez sube el tono de reposo, porque el cuerpo genera calor tensando fibras. Un grupo de fibras se queda acortado, comprime sus propios capilares y mantiene el dolor por su cuenta.
¿Por qué casi siempre el cuello y el trapecio?
Porque son las zonas que quedan descubiertas y a la altura de las rejillas. El trapecio superior soporta además el peso del brazo durante toda la jornada de teclado y ratón. Suma una posición fija de ocho horas, la cabeza adelantada hacia el monitor y una corriente directa en la nuca, y el orden de las cosas se explica solo.
¿Cómo distingo una contractura de otra cosa?
La contractura se palpa: notas una banda dura y dolorosa dentro del músculo, duele más al presionarla y el dolor se queda en la zona o se extiende poco. Si en cambio baja por el brazo hasta la mano, hormiguea o pierdes fuerza al agarrar, hay un nervio implicado y la exploración cambia.
¿Cuánto tarda en irse?
Una contractura simple cede en tres a siete días si dejas de exponerte y te mueves. Cuando pasa de dos semanas suele ser porque el gesto que la provocó sigue intacto: la misma silla, la misma rejilla, la misma jornada sin pausas. Ahí ya no se resuelve sola por mucho que esperes.
¿Frío o calor?
Calor. Aplícalo veinte minutos, dos o tres veces al día, con una manta eléctrica o una bolsa de semillas. El calor aumenta el flujo local y baja el tono muscular, que es justo lo contrario de lo que hizo el aire acondicionado. El hielo se reserva para golpes recientes con inflamación, y aquí no hay golpe.
¿Sirven las pomadas antiinflamatorias?
Alivian mientras las llevas puestas, poco más. En una contractura no hay inflamación que combatir, hay tejido acortado y mal irrigado. El masaje que haces al extender la crema aporta tanto como el principio activo. Si necesitas analgesia por la noche para dormir, consúltalo con tu médico o tu farmacéutico.
¿Qué hacemos en consulta?
Primero localizamos el punto gatillo y comprobamos si reproduce tu dolor. Después trabajamos con terapia manual sobre la banda tensa y, cuando el punto está muy activo, con punción seca, que lo desactiva en pocas sesiones. Terminamos con movilidad de columna dorsal y ejercicio de escapulares, que es lo que evita la recaída.
¿Cuántas sesiones necesita?
Entre dos y cuatro en la mayoría de los casos, con una semana de separación. Si tras la tercera sesión el dolor sigue igual, revisamos el diagnóstico: una cervicalgia que no responde puede venir de una articulación cervical, de una raíz irritada o de un problema de hombro disfrazado de contractura.
¿Cómo evito que vuelva?
Redirige la rejilla para que el aire no te dé en la nuca ni en la espalda. Mantén la sala entre 24 y 26 grados y evita una diferencia de más de doce grados con la calle. Ten una chaqueta fina a mano. Y levántate cada 45 minutos, aunque sea un minuto: eso pesa más que la temperatura.
Dónde tratamos las contracturas en FisioEleven
En FisioEleven Ensanche de Vallecas y en FisioEleven Congosto. La primera visita incluye exploración de columna cervical y dorsal para separar la contractura de un problema articular o nervioso. Puedes reservar cita online.
Fuente: Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid.
Vanessa Griswold Orellana
Fisioterapeuta, colegiada nº 17358 (CPFCM)
FisioEleven Ensanche de Vallecas
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